Manual de participación de familias en centros escolares


La responsabilidad de la educación de los niños, niñas y jóvenes corresponde en primer lugar a las familias, y la escuela, como factor esencial de formación, además refuerza y complementa esa labor educativa. La transmisión de valores no puede ser exclusiva de una única institución, por lo que resulta necesaria la coordinación de los mensajes que los niños y niñas reciben en sus hogares y en la escuela y la continua colaboración de las familias con el centro docente.

La importancia que se asigna a la educación en las sociedades democráticas avanzadas y las múltiples y complejas interacciones que se establecen entre ésta y el contexto socioeconómico en que se imparte, aconsejan considerarla como un asunto colectivo de singular importancia, en cuya definición y control debe estar implicada toda la sociedad. La educación es, pues, una responsabilidad compartida.

De esta forma, aunque la Administración gestione los recursos, el personal y las infraestructuras, es necesario que la familia, la comunidad local, las organizaciones sociales, sindicales y políticas, las empresas y los medios de comunicación, aporten cada cual lo necesario para conseguir una educación que dé lugar a una ciudadanía libre, responsable, respetuosa y solidaria, preparada para afrontar los retos que le depare el futuro.

Para conseguir la implicación de la familia en la institución escolar y su colaboración en las tareas que ésta tiene asignadas se necesita un ámbito en el que convivan la familia y el profesorado, un espacio que ha de ser democrático y en el que cristalicen los intereses educativos de todos. Este ámbito es la participación, en el que la familia tiene unas funciones que son ejercidas fundamentalmente a través de dos instrumentos, las asociaciones de madres y padres del alumnado y el Consejo Escolar.

La falta de hábito democrático que ha existido en la sociedad española hasta hace algunos años ha tenido su reflejo en el devenir de la escuela y esto ha sido un obstáculo para que la participación de la familia en el ámbito educativo se consolide totalmente. Por eso, es preciso insistir en la necesidad de que madres, padres y tutores tomen conciencia del importante papel que representan como miembros activos de la comunidad educativa, para conseguir que la participación alcance todo su desarrollo y hacer posible el compromiso de otros madres y padres que garanticen el relevo generacional que constantemente se produce en la escuela.

LA FUNCIÓN EDUCADORA DE LA FAMILIA CON UN POCO DE HUMOR


 

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