Land Art y el concepto de viaje

INTRODUCCIÓN

Este movimiento surgió a finales de los años sesenta con las prácticas de artistas norteamericanos, que buscaban la configuración de un lenguaje plástico que resumiera nuestra forma de relacionarnos con el entorno.

El punto de vista del Land Art obedece a un planteamiento conceptual y abstracto. Aquí, la naturaleza es materialidad inerte, no existe conciencia ecológica, sino un intento por controlar la superficie, modificando su apariencia natural. Lo que hace distinto este concepto respecto a las obras anteriores es que, éstas se dedican a concebir a la tierra como recurso materia prima, modifican la estructura y la revierten en beneficio estético personal.

El ejemplo más acusado de transformación antropomórfica sobre el territorio es la obra realizada en las montañas de Dakota del Sur donde el artista nos esculpe las montañas a imagen y semejanza del ser humano.

GUTZON BORGLUM

En esta imagen asistimos a una obra de dominación total del territorio. La materialidad de la montaña no se rige en favor de una belleza de sus cualidades físicas adscritas sino que, se condensa en esta obra mediante la anulación de su identidad original y el proclamo del imperante poder del ser humano.

El proyecto de La Montaña de Tindaya de Chillida, pretendió instalar un cubo de 50 metros en el interior de la montaña, para crear un espacio útil que otorgase los valores de pequeñez humana frente a la grandeza exhuberante de la tierra. Anulando su propia morfología interior, el artista vasco pretendía proclamar una vez más, esa dominación de la materia del territorio en favor de unos intereses socioeconómicos.

Autores como Walter de María, Heizer o Robert Smithson, nos acercan sus propuestas de interacción del ser humano con la naturaleza, estableciendo principios de orden y registros humanos sobre el terrirorio.

Se trata de intervenciones con actitudes dominantes y agresoras, en tanto en cuanto, el hombre se constituye en el centro de la creación, disponiendo de la capacidad de disfrute y dominación de todo lo demás.

En sus obras, la relación con la naturaleza que poseen es externa, es decir, que no tienen ningún vínculo afectivo con ella sino que, la consideran como un territorio que les otorga la materia prima necesaria para sus obras.

Aquí, se introduce en su acto creador el concepto de viaje, impulsado por la pintura naturalista

INFLUENCIAS HEREDADAS

Cabe decir que esta práctica tiene una arraigada herencia cultural impulsada por los pintores románticos, y especialmente por Fiedrich, quien se iniciaba a la búsqueda de una belleza paisajística que contemplar e integrarse de forma solitaria.

Adquiere importancia la experiencia del lugar que ofrece el atractivo de un paisaje aparentemente no entropizado, y un intento de orden por reestablecer de nuevo los vínculos con la naturaleza. El Land Art busca un diálogo, se alimenta de las acciones y de la naturaleza tranformándolos en invenciones espaciales. El objeto no es el protagonista, sino el espacio dinámico creado por las acciones que se desarrollan en torno a los objetos. El objeto se esconde en el paisaje que nos circunda.*1

En el ejemplo de Walter de María con su obra Campo de relámpagos (Nuevo Mexico, 1977), se inicia un diálogo entre los elementos artificiales del arte y los elementos de la naturaleza. A través de los 400 postes de acero inoxidable, se inician unas fuerzas de atracción de los rayos de las tormentas, que dan lugar a una materialización de este fenómeno climático.

Interrumpir la continuidad del paisaje natural, amplificándolo, se convierte en una necesidad expresiva con vistas a hacer, como dijo el arquitecto japonés Makoto Sei Watanabe, “visible lo invisible”, o como dice Paul Klee, “hacer visible” y “no mostrar o reproducir lo visible. Por ello, las fuerzas que deben ser capturadas ya no son las de la tierra, que constituían todavía una gran forma expresiva…Lo esencial no reside ya en las formas, en las materias o en los temas, sino en las fuerzas, en las densidades, en las intensidades”.*2

En muchos ejemplos de intervenciones en el espacio natural por parte de los artistas del Land Art apreciamos un carácter de temporalidad efímero.

En el caso del mexicano, la obra se activa cuando comienza la descarga eléctrica de tormenta y se materializa a través de los postes. En la mayoría de casos, lo efímero alude a esa temporalidad de las alteraciones producidas en el medio, y se objetualiza a través del recurso fotográfico.

En la actualidad, la artista vasca Maider López (San Sebastian, 1975), refleja metáforas pertenecientes a la relación de hoy en día del ser humano con su medio natural. Ella nos muestra la reafirmación inevitable de la idea de que cuanto más nos acercamos a la naturaleza para disfrutarla, más perjudicial resulta para su buena conservación. Es decir, nos anuncia un hecho presente y que involucra a todo ser humano, y trata de recordárnoslo a través de sus representaciones, como sucede en su obra Ataskoa (atasco) del año 2005, en donde realiza un registro fotográfico de lo que sería el atractivo que produce el medio natural como proclamo a las masas visitantes. Con este hecho, nos anuncia la idea de naturaleza como bien cultural, por lo tanto, de bien de consumo, materia prima.

Bibliografía >>

*1 >>GALOFARO, LUCA, El arte como aproximación al paisaje contemporáneo, Editorial Gustavo Gili S.A., Barcelona, 2003, p. 31.

*2 >> Ibidem, p.82./h7>

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Bilbao 1984 Licenciada en Bellas Artes, Universidad del País Vasco (2004 – 2009). Especialidad artes plásticas. Máster en Producción Artística, Universidad Politécnica de Valencia (2010). Especialidad Arte y Naturaleza + de 15 cursos en metodología didáctica presencial y a distancia Pintora y profesora de Artes plásticas en la escuela Kreártika. Imparto los cursos de dibujo y pintura niño/as y adolescentes + dibujo y pintura adultos   Me apasiona la educación artística, y poder motivar en la gente la expresión pura de su espíritu, mediante técnicas plásticas, que conlleven la realización de obra original propia

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