El símbolo del árbol en la cultura del paisaje artificial

INTRODUCCIÓN

Las aventuras y desventuras de los árboles, desde que comenzaron a desarrollarse las ambientaciones paisajísticas en los ámbitos urbanos,
han estado siempre presentes en el conjunto de sus decorados. No nos dedicaremos aquí a un desarrollo de las formas en las que éstos fueron implantados en sus respectivos momentos y culturas. Lo que a continuación narraremos, tiene que ver con las prácticas más frecuentes que suceden en nuestro entorno, y como así, en la mayoría de las ciudades Europeas y Norteamericanas, es decir, las pertenecientes a una cultura Occidental acomodada.

Partiendo de la observación de cada tipo de jardín- parque, la belleza del in situ reside en una diversidad lo suficientemente exótica como para agradar al habitante. Esta metodología de enriquecimiento del entorno urbano, está al ancance a un bajo precio.

No resulta difícil el creer que el desarrollo de la tecnociencia haya sido insertado en los procesos estandarizados del diseño del entorno urbano, así como en algunos de sus elementos integrantes. Al observar dichos lugares, apreciamos unas doctrinas de diseño formalista en las que las cuestiones estéticas toman prioridad.

EL ÁRBOL DISEÑADO

En el continuo esfuerzo humano para mantener el orden y el control de este paisaje, se realizan pautas de orden y limpieza, otorgados por unos valores oficiales de diseño y jardinería. La continua visualización de elementos industriales sobre la propia estructura de los árboles, conllevan a la aceptación de la forma del ser del árbol, muy alejada de la típica representación visual. Así, comprendemos una estructura física en la que predominan distintos matices, que otorgan una singularidad propia de nuestra cultura urbana.

Distintas cualidades físicas y sociales se adscriben a estos elementos, haciendo del elemento natural, un objeto artificado, mutado, talado o podado.

Ejemplo de ello son las fotografías de árboles tomadas de este contexto.

En estas imágenes mostramos unos ejemplos de fotografías en las que apreciamos estos síntomas de domesticación científica de los elementos
naturales, como es la figura del árbol en la ciudad. Cabe mencionar que las prácticas producidas sólo son una consecuencia de ese intento de adaptabilidad al medio en donde la artificación del paisaje toma proridad.

La prueba más evidente y común que observamos en las fotografías anteriores, es la implantación de unas gomas elásticas, o, unos pilares de madera a modo de muletas, que actúan como elemento compensador de las fuerzas de crecimiento del árbol. Aquí el jardinero se muestra como intermediario en el proceso de implantación de paisaje proveniente del laboratorio. Este proceso permite la repetición sobre los árboles jóvenes y fácilmente doctrinables, renunciando a la reivindicación de la propia naturalidad de crecimiento.

LA BÚSQUEDA DEL ÁRBOL PERFECTO

Entiéndase por ello, según Hough, que “deben ser resistentes a un número creciente de enfermedades, a la corrosión de las hojas y a los insectos; deben resistir la sequía, las restrictivas condiciones de suelo y las dosis de sal de la carretera, sus ramas deben ser resistentes a la rotura producida por fuertes vientos o por las cargas de nieve; sus hojas deben tolerar los gases envenenados y las partículas de la atmósfera urbana. También deben responder a los requerimientos tecnológicos.

Por ejemplo, las raíces no pueden interferir con los servicios subterráneos, el espacio y altura de las ramas no deben competir con los tendidos eléctricos. Además de una multitud de limitaciones medioambientales y físicas impuestas a los árboles, su selección y alimentación ha estado dictada históricamente por los valores y convenciones estéticas predominantes. ¿Como deben comportarse los árboles? ¿Cual es su forma ideal? ¿Con cuánta profusión pueden florecer? El árbol urbano ideal debe ser de rápido crecimiento y perfectamente formado.

Características tales como desorden en los frutos u hojas viscosas, espinas, cortezas que se pelan y otros inconvenientes son inaceptables.

Estos requerimientos están incorporados en cada una de las especificaciones del diseñador de plantas y han contribuido a asentar los estándares estéticos y culturales de los viveros de plantas. Los procedimientos necesarios para asegurar las supervivencia de las plantas incluyen unos procesos de ingeniería y horticultura complejos para el transplante, movimiento, preparación del suelo, atado con cuerdas, sistemas de irrigación y protección.”*1

LOS CÓDIGOS ESTÉTICOS EN LOS PROTOTIPOS CULTURALES

Los códigos estéticos y conceptuales de nuestra cultura, asumen unas tipologías de árbol siempre en posición vertical, recto y firme. Para aquellos que no siguen las directrices impuestas, se les aplica este tipo de doctrina. Como si el propio árbol no tuviese derecho a llevar un recorrido de crecimiento distinto, o simplemente, reconocerlo tal y como es, admitiendo su derecho estético a la fealdad (objetiva). Las mejoras del paisaje cuya intención es “acondicionar adecuadamente” los lugares, reemplazan la diversidad natural, por un paisaje uniforme y tecnológicamente dependiente.

El jardinero se dedica a imponer sus tipologías de “vida buena” desarrollado por el sistema circundante, modificando la experiencia estética basándose en prototipos culturales ya consolidados. En este sentido, podríamos decir que la auténtica naturaleza reside hoy en lo deforme y monstruoso, más que en la perfección y belleza clásica. Esta metodología de elaborar paisaje en el ámbito urbano requiere de su mantenimiento de forma necesariamente artificial y siempre estará sujeta a una explotación estética o económica que juegue en beneficio de alguien.

LOS CÓDIGOS TRANSGÉNICOS

Pues bien, en el diseño de estos paisajes urbanos artificiales se hace necesaria la planificación de unos métodos que permitan la implantación de los elementos naturales de forma naturalista. Es lo que aquí hemos llamado a la ciencia de los cultivos transgénicos, el desarrollo de una creación planificada de “semillas buenas” y aptas para su uso comercial.

Esto es, mediante una modificación de los sistemas naturales, se insiste en una rigurosa planificación familiar de unos genes que sean correctos en su totalidad.

LA TECNOHORTICULTURA

En el campo de la “tecnohorticultura”, se lleva a cabo un desarrollo óptimo de los elementos integrantes de estos paisajes artificiales.
En esta práctica se desarrollan técnicas de clonación e injertos, los cuales, deben de garantizar unas condiciones correctas para las demandas medioambientales de la cultura ciudadana. Quizás Perejaume ya conocía la existencia de estas prácticas, cuando realizó en 1979, su tan famosa obra Zucche, en la que cultivó patatas y calabazas dentro de moldes que, representaban fragmentos del rostro humano, para realizar una comparación irónica sobre la dominación del ser humano en el diseño de cultivos.

El desarrollo de la horticultura, definámoslo aquí, según el diccionario, como la ciencia del cultivo o manejo de jardines, encarna la idea de naturaleza domesticada. Mediante la aplicación de estos métodos de cultivo, la mirada del espectador se ironiza porque resulta fácilmente manipulable al aceptar como verídica ese paisaje dado.

Bibliografía >>

*1 >>HOUGH, MICHAEL, Naturaleza y ciudad, Editorial Gustavo Gili S.A., Barcelona, 1998, p. 100.

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Bilbao 1984 Licenciada en Bellas Artes, Universidad del País Vasco (2004 – 2009). Especialidad artes plásticas. Máster en Producción Artística, Universidad Politécnica de Valencia (2010). Especialidad Arte y Naturaleza + de 15 cursos en metodología didáctica presencial y a distancia Pintora y profesora de Artes plásticas en la escuela Kreártika. Imparto los cursos de dibujo y pintura niño/as y adolescentes + dibujo y pintura adultos   Me apasiona la educación artística, y poder motivar en la gente la expresión pura de su espíritu, mediante técnicas plásticas, que conlleven la realización de obra original propia

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